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El cuento detrás del cuadro

Hace un tiempo entré al zigurat literario de mi amiga R(1), a quien R(2) le había llevado de regalo una pintura hecha por R(3). Ella escribió un cuento en base a ésta pintura, titulado en base a una obra de R(4). Leí aquel cuento: “Cuadros dentro de cuadro”… compuesto por muchas preguntas, muchas intrigas. Y no pude dejar de comentar soluciones a tantas intrigas, sospechas a tantas preguntas. Ella continuó las sospechas que le sugerí, y se tornó inminente este divertido viaje (como no podría ser de otra forma tratándose de trenes y rayuelas). El resultado es “El cuento detrás del cuadro”, escrito en participación con mi amiga del patio.
El cuento detrás del cuadro.
Una incertidumbre colgaba hacía ya diez años en un rincón de la casa. Una pintura llena de vacíos, baldosas y naranjas disparaba preguntas a quien la mirara.

Se trata quizás de un chico, un niño, que rebotaba una pelota plástica, amarilla, liviana, contra la pared. El viento soplaba fuerte aquel día; y con ánimo lúdico, como venido del palacio de la isla de Maple atravesando espejos, desvió la pelota que justo pegó en la canasta desparramando las naranjas. Rebotó y pasó por sobre el petiso tapial, dándose lugar a la calle. El chico se apuró preocupado por no perderla, al mismo tiempo agradeciendo que se hubieran caído las naranjas en vez de haberle pegado a la vasija de arcilla que, aunque vacía, su mamá tanto quería.

Con audacia y picardía, el pibe, con la agilidad de las primeras décadas de vida, saltó el tapial (para no hacer ruido al abrir y cerrar la puerta), pensando en volver inmediatamente a juntar las naranjas, y así evitar el reto de su madre. Cómo iba a saber él que ese salto hacia la calle, iba a ser lo último que haría en ese patio…La madre, dicen, lo escuchó saltar el tapial y salió -esquivando las naranjas en el piso- a la calle para buscarlo. Algunos dicen haberlo visto pateando la pelota amarilla, a kilómetros de la puerta verde. Y su madre ahora anda, tal vez sin rumbo, desesperada, llamando a gritos a su hijo.

La madre preguntó a los vecinos si habían visto a su niño salir, huir o escaparse hacia algún lado. Los de la calle Rincón coincidieron en que lo vieron bajar del tapial y casi de inmediato cruzarse con una punzante mirada tierna, que pareció cautivarlo y llevarlo como atado a su par de ojos, y lo llevó más allá del patio, de las naranjas, de la puerta verde. En cambio, los de calle Rivadavia le dijeron que vieron doblar una bicicleta con canasto hacia el lado de su casa, y al poco tiempo la misma bicicleta cargando la pelota amarilla en su canasto, y seguido a velocidades inverosímiles por el pibe, lleno de una mezcla de indignación y espanto; llevándolo por calle Rincón hacia el lado del río.

Tras estos discursos la madre no pensó demasiado; al no verlo cerca viajó incansable por el tiempo; anduvo por rutas de asfalto y de tierra; caminó al costado del pavimento mirando a los costados, cruzó túneles y puentes, trepó colinas, recorrió los desiertos, atravesó las eternas llanuras, y llegó camino al Sur, otra vez cerca del río.

En la casa nuevamente, ya no le importaron las naranjas, y ni siquiera pensó en la posibilidad de la vasija quebrada. Cerró la puerta verde, y en una mezcla de impotencia y desesperación, lloró. Lloró, lloró, lloró... La madre lloró tanto que la calle, que era de tierra, se transformó en río, el Río del Llanto sobre la calle Rincón, la cual también desembocaba en un río; un río que nunca termina. Desde entonces, desde hace diez años, la casa flota a la deriva por el río, entre mil suspiros y cien olores.

El tiempo pareció detenerse en el patio: las naranjas hace diez años que se presumen ahí, frescas y perfumadas como recién cortadas; las baldosas ajedrezadas y la vasija permanecen intactas, el niño (que ahora es adulto) nunca se reencontró con aquellas baldosas. Y ya las extrañaba un poco, ya extrañaba la vasija y el olor de las naranjas en el patio, pero no sabía como llegar. Recordaba la calle Rincón hacia el sur, y la velocidad de la bicicleta escapando de sus pasos. Tenía la pelota amarilla bajo el brazo, ya muy deteriorada de tanto rodar. Se llenaba de melancolía de sólo recordar el brillo de aquellos ojos como dos gotas de petróleo, que le ofrecieron mil caricias con un pestaneo, y que torpemente dejó pasar por correr una bicicleta que se llevaba su pelota. Esperaba a que algo pasara: una balsa, una avioneta, aunque sea un ave que se posara cerca. No sabía bien cómo había llegado ahí, pero hoy el agua lo rodeaba... el suelo prestaba poca superficie y casi nulo entretenimiento. En esos días ya casi podía ver cómo se movía el sol, y cómo crecían las plantas. Pocos minutos al día la visibilidad de la atmósfera le permitía ver diminuto el paisaje de su viejo barrio costero. Ya hacía años estaba en esa isla, como sabiendo y esperando a que el azar o los giros del planeta le alcancen la casa con el patio, las naranjas y la madre; la madre que con su propio llanto alimentaba el río que llenaba los bordes de la isla donde él permanecía.

Una incertidumbre llenaba los días en una isla sin rincones. La misma incertidumbre que cuelga hace ya diez años en un rincón de la casa, que le pone aromas al patio, y le da sabor a las naranjas.



En colaboración por TZL-
Rayuela
entre los días 10 y 13 de diciembre del 2008.La pintura (en tamaño completo) fue hecha usando acuarelas sobre papel, por Raúl Barnech.
Los disparadores de este texto se ven en
http://en-zigurat.blogspot.com/2008/12/cuadros-dentro-de-cuadro.html
http://lo-llamaban-trenazul.blogspot.com/2008/12/no-creo-poder-soportar.html

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Puerco Malevo: sospechas de un barrio siniestro

(desde el Turismo Enrielado por el Sur-Oeste del Gran Buenos Aires)


A la tarde de ese mismo viernes me junté con Matías, Estefanía y Hernán. Fuimos por Retiro, y despues a Puerto Madero. Después fuimos a la costa del Dique 1 y nos pusimos a turistear... pero tengo que confesar la sensación rara que me transmite este barrio:






















Puerto Madero me parece un lugar siniestro. Y quizás pueda explicarlo: sus plazas son enormes, desiertas y parecen hechas con computadora. Sus veredas están también siempre vacías. Sus pisos, sus cordones, sus paredes, todo lo que hay, está impecablemente limpio, y paupérrimamente poblado. Siempre está lleno de autos estacionados, pero no se ve la gente. Ahí solamente hay edificios de enorme porte y asquerosa simplicidad arquitectónica, mostrando excesiva modernidad, casi futurista. Donde los edificios arruinan y hacen sinsentido las plazas, por el solo hecho de llenarlas de sombra. A primera vista parece un barrio hermoso, perfecto... pero debe ser algo.. debe ser el cielo de Puerto Madero, el espíritu industrial indignado de tanto amaneramiento, lo que me haga sospechar lo siniestro y perverso de este barrio nuevo. O simplemente la misma sensación de perfección que no me permite estar tranquilo ahí, pensando que estoy en un video juego más que en una ciudad de verdad con gente animada y algo espontánea. En esa perfección se pierde la espectativa, la sensación de asombro. Uno ya sabe que todo va a estar limpio y arreglado.
Además y por supuesto, tengo algunas dudas; el llamado Puente de la Mujer (posición que comparto con mi amigo Matías) ¿por qué tiene esa forma? ¿qué relación vulgar, espiritual o sobrenatural guarda esa espina blanca en diagonal con el nombre que le pusieron? Por otro lado, ¿por qué en Puerto Madero todas las calles son con nombre de mujer? no es que yo sea muy machista.. ¿pero eso no podría considerarse un fuerte acto de feminismo? Y ya ví que junto con avenida Moreau de Justo hace ya unos años -teóricamente- pasa el Tranvía del Este... ¿alguien vió funcionar ese tranvía? ¿alguién SE SUBIÓ? A veces sospecho que ese tranvía es de mentira; que es un holograma, o simplemente una carcaza de tranvía que está junto a la estación Córdoba, a sólo modo de ornamento del paisaje y llamado al turismo.

Puerto Madero es raro. Yo no sé bien qué pensar de él. Además, siempre que voy a Capital -llevado tal vez por alguna fuerza magnética- termino caminando por esas pasarelas que corren paralelas a los diques.

Gracias a Dios en Capital Federal hay otros cien barrios para pasear, sino me volvería -todavía más- loco.



TZL - 4 de setiembre del 2008.
También publicado en http://www.fotolog.com/trenazul/40298653

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No creo poder soportar





No creo poder soportar

seguir pedaleando contra el viento.
Secándoseme un poco los ojos,
cansándoseme un poco las piernas.

Mas el cuerpo no me importa.
Me preocupa girar y dejar atrás:
un movimiento que me gobierna.

Dejar pasar los paisajes,
mil suspiros, cien olores.
Mil otoños, tres primaveras.
y alguna punzante mirada tierna.

Con el viento a contramano
parezco siempre ir a algún lado.
¿Pero dónde estoy yendo
si siempre estoy llegando?

No creo poder soportar
seguir pedaleando contra el tiempo,
aunque el viento me quiera ayudar.

La calle nunca termina
si yo la quiero inventar.
Yendo a la incertidumbre,
por mera curiosidad.



TZL
21 de agosto del 2008
Foto del 13 de agosto, en un terreno baldío del norte de la ciudad de Santa Fe.
Publicado también en http://www.fotolog.com/trenazul/39616883
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Ni la niebla





Ni la niebla del otoño

ni los soles del abril
pudieron borrarme sus besos
y sus ojos de candil.

Aunque se que ya estoy lejos
y que de mi se olvidó,
no me dejan los recuerdos
del cariño que me dió.

Espero ansioso aquel día
en que la pueda arrancar
de mi memoria furtiva
y así, volver a empezar.



TZL; texto de mayo del 2008
Foto: 22 de marzo 2008 a metros del Edificio Libertadores, por Avenida Paseo Colón,
Publicado también en http://www.fotolog.com/trenazul/41672495
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Sin





I.

Sin
buscarte te encontré
mientras miraba al infinito
y frente tuyo me sentí
todavía más chiquito.

Serán las nubes de octubre
que me arrugan el entrecejo,
o la humedad primaveral
que me ha dejado perplejo.

Me parece que no,
no tiene que ver el ambiente.
Es el brillo de tus ojos
que se proyecta en mi frente.

Tuve un poco de ciudado
por si la luz me abandonaba.
Abrazarte y dejarte huír
como ya lo sospechaba.


II.
Sin llamarte te perdí
detrás de un fugaz pestaneo.
Sin siquiera darme cuenta
quedé preso del deseo.

¿Fueron vientos nocturnos
que te empujaron a mi distancia,
o del cantero, las flores
te atrajeron sus fragancias?

O el entorno no influyó
y fue mi abrazo el responsable.
Por precoz o desmedido
te espantó, insoportable.

Con la mirada vacía...
vos ausente, yo extraviado.
Me dejaste en la penumbra
y además, encandilado.



TZL
7 de diciembre de 2008
Publicado también en
http://www.fotolog.com/trenazul/42334316 (I)
http://www.fotolog.com/trenazul/43139960 (II)
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Los nacidos el 29 de febrero

¿Qué pasa con la gente que nace los 29 de febrero?

  Excluídos del sistema calendarístico, sufren las consecuencias de un almanaque imperfecto. Veamos los inconvenientes a los que se enfrenten por el simple hecho de haber nacido un día en el que se desempata y equilibra por todos los segundos que le sobran a esos períodos de 24hrs que llamamos días.
 En caso de que sí se respetara la fecha de nacimiento de la persona, terminaría cumpliendo años cada cuatro vueltas al Sol, lo que haría que envejezca cuatro veces más de lo que su edad oficial atestigüaría en números, y por consecuente produciría una variación en la lógica espacio-temporal que ya todos tenemos incorporada.
  La alternativa no es mucho más convincente: sería hacer oídos sordos a la realidad y cambiarle la fecha oficial de nacimiento, certificando falsamente que el bebé nació un 28 de febrero, o 1ro de marzo, siendo en realidad que el nene nació inocentemente el 29 de febrero, como cualquier persona llega al mundo, solamente que al hacerlo el día equivocado, el registro de personas y el sistema corruptamente retoca la fecha de su nacimiento para evitar las consecuencias de un esquema calendarístico con imperfecciones. Ahí la víctima (quien considerando estos inconvenientes del sistema ya podríamos llamar "malnacido") vive en su credulidad y festeja cada año el aniversario del momento en que cree que nació, siendo éste una modificación de la realidad. Una mentira que el cumpleañero va a repetir año tras año, a no ser que en algún momento apague el calendario y escuche en su corazón el momento en que la tierra pasa por el mismo punto de la órbita que tocó ese 29 de febrero donde vió el mundo por primera vez.
  Este último caso sólo vale si pensamos en gobiernos democrácticos representativos y republicanos, porque si pensamos en gobiernos algo más autoritarios y dictaminantes, no sería raro enterarnos de que los bebés nacidos en esta fecha son declarados en falsa escuadra y tirados a la jaula de los monos. O lo que pasa en culturas algo más supersticiosas, donde no se dejan de escuchar los mitos de "los bebés del 29 de febrero", cuales dicen ser hijos del demonio por nacer en la fecha del agujero del calendario y desata serios casos de violencia civil, discriminación, xenofobia y a veces hasta atracones con chocolate en barra.
  Realmente no sé bien qué pasa con la gente que nace los 29 de febrero.. pero no me gustaría ser manipulado, engañado, torturado, mitificado, o sometido a cualquier otro método por haber nacido en este día. Señor, señora, no estamos seguros de lo que vaya a pasar... pero por su bien no nazca el día bisiesto, puede ser peligroso.


TZL
29 de febrero del 2008
Publicado también en http://www.fotolog.com/trenazul/31713545
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Por respeto al patrimonio.

Contexto, introducción.

En 1912, con los franceses dirigiendo los que hoy son nuestros ferrocarriles, empezaba a construírse la Estación Belgrano en Santa Fe. Así esta estación nos conectó, vías mediante, con las trece provincias a las que llega la red de ferrocarriles de trocha angosta General Belgrano. Despues de ser una de las estaciones más grandes y concurridas del interior del país, de ver salir y llegar muchísimas formaciones y pasajeros hacia el centro-norte del país, en 1993 incentivada por la inestabilidad de las privatizaciones, la estación hace un cese de funcionamiento y nos deja a los santafesinos fuera de la red ferroviaria. Hoy, hace más o menos quince años que la Estación Nacional General Belgrano (en el predio ferroviario Santa Fe Pasajeros) no registra ningún tipo de servicio de pasajeros.


¿Qué pasa hoy con la estación?

Hoy que no tenemos los servicios de pasajeros, solamente podemos admirar un edificio de enorme y elegante porte, que promete ser aún más elegante en su interior. La estación en desuso pasó por muchos estadíos y situaciones (vea esta reseña histórica para detalles) . Así es que desde el año 1999 se está proyectando la licitación de los terrenos de la Santa Fe Pasajeros a firmas comerciales, sin algún interés de reactivar la estación como tal. En 2006 se llamó a licitación por última vez, ofreciendo la concesion de la estación por 30 años, y la venta de los terrenos que hoy ocupa la playa de maniobras. Esta licitación tuvo ofertantes que ahora esperan ser adjudicados. Esta situación es crítica; debe ser por el desolador estado físico de la estación, que ningún estadío del gobierno quiere hacerse cargo de la restauración; o por la inversión que implica la reactivación de los ramales ferroviarios, que prefieren vender los terrenos y levantar los rieles para desentenderse de tal responsabilidad.

Por eso se levanta nuestra voz, y pedimos que la estación siga siendo estación, y siga siendo nuestra. Que vuelva a pasar el tren y nos comunique de nuevo con aquel centro-norte del país. Porque la estación -hoy- es nuestra, y queremos cuidarla, respetarla, conservarla.

Por respeto a nuestro pasado, para conservar lo que nos hizo crecer como ciudad, usemos y mantengamos nuestra estación ferroviaria en las condiciones que le corresponden. Por respeto a nuestro futuro, recuperemos el ferrocarril y su infraestructura, sus beneficios a la sociedad y al medio ambiente. Para que nuestras próximas generaciones tengan más y mejores puestos de trabajo, que les permita educarse y educar a sus hijos como Dios manda.

Queremos la Estación Belgrano con trenes que nos lleven. Porque es nuestra y la merecemos, como santafesinos que somos.

__
redactado por trenazul
20 de octubre del 2008.

Con continuidad en el artículo Estación en riesgo.
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El tipo que siempre esperaba el invierno.

Carlos Fiorento no tenía una vida muy dinámica, sino más bien rutinaria y bastante despoblada de gente. Un día 26 de junio de camperas que lo agarró desprevenido, vino a visitarlo la gripe. Consecuentemente invadió sus lugares de costumbre y su cuerpo: se sentaba en el sillón con él, miraba los mismos programas de televisión que él, lo acompañaba al trabajo en el mismo coche del tren, se quedaba las ocho horas de jornada laboral y volvían los dos en el subte c, para que el virus duerma en la misma cama que Carlos. El tipo por supuesto se incomodó y molestó mucho ante tremenda invasión del diminuto virus, con su equipaje de síntomas que lo acompañaban a todas partes. A los dos días, y después de convivir enojado con su enfermedad, se dió cuenta de de lo fiel y constante que estaba siendo la gripe y que pensó que tal vez sus intenciones no fueran tan malas. Por eso de a poco se fue alejando del ibuprofeno, de las sopas de verduras, de los tés con canela, de las zapatillas y de secarse bien el pelo después de bañarse: todo por mantenerse cerca de este ente que vino a su vida de repente y que de quien ahora empezaba a encariñarse.
El mes de agosto fue felicidad plena para él: después de toser siempre sonreía; después de estornudar agradecía a Dios; mientras se limpiaba la nariz se sentía desinteresadamente acompañado; miraba contento en el espejo sus ojeras grandes y violetas, símbolo de que el amor entre el virus y él perduraba ya hacía tiempo. Carlos ya casi podía ver concretadas sus esperanzas de morir por amor, mientras su cariño crecía junto a la delgadez de su cara y a los sonidos roncos de su respirar. Pero como la ilusión ya se había encendido y el amor ya estaba florecido, no demoró en llegar un dramático veintiuno de septiembre que trajo la calidez del Sol, se llevó el frío del invierno, y junto con él también se fue el ambiente hospitalario de la gripe.
Su enfermedad empezó a debilitar y la tos era cada vez menos frecuente. Su voz se empezaba a aclarar, y por más que anduviese descalzo no había cosa que llamara de nuevo al pequeño ente que lo acompañó en los meses anteriores. Así, gradualmente y ya para fines de septiembre, Rogelio gozaba de buena salud, y de un deplorable estado de ánimo. Sus días primaverales le habían devuelto el tono colorido e insulso que su rutina había tenido siempre, y aunque de vez en cuando tenía una alergia, sus síntomas y su fidelidad no se comparaban con los de su amada gripe. Así, Carlos se refugió en su casa cobijado por un aire acondicionado que consolaba sus nostalgias de invierno, queriendo con todas sus fuerzas reencontrarse con su antigüo amor, el que un día sin despedirse lo dejó, pero que pareció prometer volver en cada invierno...
Mientras esperaba, Rogelio siempre decía que la gripe la habían inventado las mujeres, basándose en la semejanza de su natural procedimiento: "...vienen sin que uno las llame, nos encantan, nos enamoran, y cuando las empezamos a querer mucho, ahí se van alejando."
Así empezó la historia del tipo que siempre esperaba el invierno. La gente de su barrio dice que durante los nueve meses que no eran de invierno no se lo veía salir de su casa y su sistema de refrigeración ambiental no dejaba de funcionar. Durante los tres meses del invierno tampoco se lo veía salir de su casa porque era un tipo más bien discreto; la diferencia es que cuando estaba en su casa en invierno, ésta irradiaba toses sonrientes y una enferma felicidad.
No pasaron muchos años hasta que las toses y la respiración obstruida de Don Rogelio dejaran de escucharse. El almacenero no recibía más sus pedidos de pañuelos descartables al por mayor. La mayoría suponemos que al fín Rogelio cumplió su sueño de morir por amor. Aunque hay algunos que insisten en que sigue vivo, que con el tiempo se hizo inmune al virus de la gripe, y que en su irremediable depresión sentimental, decidió cambiar de almacenero.

TZL
7 mayo 2008 - http://www.fotolog.com/trenazul/34840000
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