SANTA FE - ARGENTINA

  • Armamos bicis y ruedas

    A medida del usuario, modificamos y armamos según se nos pida. Aquí no hay estándar que valga

  • Cicloturismo

    Salidas por los pueblos y por la ciudad, programadas y a medida

  • Mecánica de la bicicleta

    Servicios de mantenimiento, reparaciones, ajustes, modificaciones: para que la bici siga funcionando siempre

  • Bicimensajería

    Cobranzas, pagos, trámites y diligencias corrientes

Sin sacrificios, por favor.

Este último tiempo el paradigma en Santa Fe de la Vera Cruz cambió mucho, demasiado como para no actualizar el anterior artículo con respecto a este gran elemento cultural y recurso patrimonial: La estación del Ferrocarril Nacional Manuel Belgrano.


En diciembre del 2008 la licitación a Cencosud se cayó, ya que desde la Nación optaron por no vender el patrimonio nacional ferroviario a empresas de otros orígenes y rubros. Simultáneamente el gobierno municipal tomó las riendas del asunto, haciéndose cargo de lo que ellos mismos llamaran "recuperación del espacio público". Al poco tiempo y en las primeras acciones, hubo problemas con las jurisdicciones de trabajo, sobre todo porque al demoler muros perimetrales y modificar la estructura del edificio, se estaban infringiendo los contratos de acuerdo entre los estadíos de gobierno nacional y municipal. A la par de eso, que llevó a más de un revuelo mediático, se levantaron vías en diferentes puntos de la ciudad con el pretexto de realizar aperturas de calles, se demolieron varias estructuras ferroviarias, y se refuncionalizaron otras. Esto nos sirve de referencia para entender la política de transporte que se está aplicando en estos momentos.

El edificio de la Estación Ferrocarril Belgrano ya no está abandonado: quien pase por Boulevard Gálvez al 1050 se dará cuenta que hay ocupantes utilizándola. La fachada está rejuvenecida, y el interior del edificio -particularmente el hall- está en avanzado nivel de restauración. Cambios encantadores a primera vista, dejan a la estación parada como el gran símbolo arquitectónico que es. Pero todos sabemos que la Estación Ferrocarril Belgrano no es importante sólo por su arquitectura, y ahí es donde empieza la cuestión.


Cuestión de conceptos.

Para abordar la recuperación patrimonial de este predio, como de cualquier otro lugar, se permiten las siguientes preguntas: ¿a qué refiere la 'recuperación' del espacio? y ¿qué tipo de 'patrimonio' se está considerando a recuperar?

Recuperar la operatividad de un espacio no es lo mismo que recuperar la función de un espacio: es decir, el hecho de que la estación de trenes deje de estar abandonada y en un mejor estado edilicio, no justifica el hecho de desvirtuar la función del edificio para transformarlo, y de tal forma perder la estación como tal.

Por otra parte, el patrimonio de una ciudad comprende diferentes clases que abarcan todo lo que posee el estado, tangible e intangiblemente: En este caso y para recuperar una estación ferroviaria, lo primordial -por más lógico que parezca- es recuperar el verdadero patrimonio ferroviario, que no es el edificio material, sino la función y el uso ferroviario, que le dio el prestigio que hoy se merece. El patrimonio cultural no pasa sólo por el hecho de que sea una estupenda y antigua obra arquitectónica, sino porque el trabajo y la función social que se desempeñó en aquel edificio marcó en buena parte la cultura de la ciudad y sus habitantes.

Entonces, recuperar el patrimonio tiene menos que ver con el edificio, que nunca estuvo en peligro de derrumbe y del cual su arquitectura pasa a ser algo solamente simbólico comparándolo con la fuerza estratégica que significa devolver a una región la alternativa y la posibilidad de disponer del medio de transporte terrestre más rentable y ecológico, por ende también la de sumar puestos de trabajo y una industria regional que impulsaría tenazmente el desarrollo social y la calidad de vida.

Recuperar el patrimonio de la Estación Belgrano es en definitiva, poner de nuevo trenes en las vías. Favorecer, impulsar y cultivar en la gente los beneficios que brinda el transporte por ferrocarril, tanto de cargas como de pasajeros.


Entonces, ¿quién se ocupa del patrimonio ferroviario?


Si bien es aplaudible la recuperación arquitectónica del edicifio, se podría decir que la restauración empezó por el final, o bien que los planes de "recuperación" no consideran que en ese gran edificio histórico, la prioridad y el sentido de existencia están dados por la actividad ferroviaria del predio Santa Fe Pasajeros.
Contrario a eso, obsérvese hoy en día los proyectos de ocupar el mencionado edificio con administración municipal, locales comerciales y centros artísticos. En la zona de andenes, en lugar de trenes brindando servicio, se cobran onerosas entradas para ver bandas de musica que hacen vibrar las paredes cada fin de semana, atestiguando de esa forma el regio estado de integridad del edificio, aún en las partes anteriores, donde no se llevaron a cabo tareas de "recuperación". Obsérvese lo opuesto a toda intención de recuperar la estación en la propuesta de modificación a la zonificación de la ciudad, en la cual se propone urbanizar los terrenos ferroviarios que corresponden a la playa de maniobras, acceso a la estación y al puerto de Santa Fe, conjunto al proyecto de municipalización de estos terrenos ferroviarios.

No hay en marcha ningún proyecto que se acerque siquiera a devolver los trenes a la región. Al igual que la Estación Mitre y el predio Santa Fe Cambios, todo sigue abandonado por el ferrocarril. Todavía falta recuperar lo más importante del patrimonio, lo sustencial del patrimonio. La estación es la casa de los trenes, y sin trenes, apenas se está adornando una casa vacía.

Nuestra voz permanece en alto y reclama lo que un día se llevaron; nuestra voz pide ese transporte, el más conveniente a la sociedad y al medio ambiente, para tener un futuro mejor.

Refencias pertinentes:
El municipio se hará cargo de la Estación Belgrano; 12 diciembre 2008.
Noticias oficiales de las acciones municipales en la estación.

__
Por trenazul,
14 de noviembre 2009.
Share:

Pilar y Rosario; noviembre 2008 - parte 3

Pasaje 3: Viajando en el panal. 
Sabado 15 de noviembre, 2008.


Foto: La ALco RSD-16 Nº B811, reparada unos meses atrás en los talleres Pérez para LSM.

A las 10.45hrs llegamos a Pilar. Ya no hacía tanto frío, ni quedó gente en el tren una vez que llegó a destino. Nosotros teníamos pensado bajar a dar una vuelta por la ciudad y tomar el próximo tren, pero eso nos quitaba media hora que en aquel momento se encarecía demasiado, porque el ómnibus a Rosario salía a las 16horas y trataríamos bajo toda circunstancia de no perderlo. Asíque mientras la máquina se cambiaba al otro lado del tren, bajamos al andén y a las vías, le sacamos unas fotos al entorno.Vimos la locomotora hacer el cambio y recorrimos el tren, compuesto por coches reparados y en muy buenas condiciones. Tras poco tiempo zarpamos con destino a Retiro nuevamente. Anduvimos sobre el par de vías descendentes, las cuales sí hacían sonar un poco más las ruedas contra los rieles.. Rodamos con normalidad hasta pasar Villa del Parque, donde la máquina se detuvo entre estaciones. Suponíamos que era un tren adelante, o un suicida, un desperfecto técnico o directamente un maquinista ortiva, lo que habría producido esta parada imprevista: el tiempo detenidos nos llevaba a jugar a los detectives ludópatas, y con Seri estuvimos a punto de apostar filoso qué era lo que pasaba con el tren.
 Busque este árbol en el trayecto de la vía y sabrá exactamente dónde se quedó la máquina.

Antes de que podamos averiguar, el tren expreso vino al rescate desde Pilar por la vía ascendente, para que hagamos el trasbordo a su tren. Ahí sí íbamos a ir apretados... asíque subimos al furgón, donde había quedado más lugar. Y si en el furgón no viajamos apretados, es porque el humo no ocupa lugar: viajabamos con una muchachada de aficionados a la combustión de hierbas, que golpeaban las paredes y el techo del coche gritando y quejándose alborotados porque el tren demoraba en arrancar.
Entre bicicletas y oloricto dulzón, más rápido que despacio y descendiendo por la vía ascendente, llegamos otra vez a Retiro San Martín. A la salida de los andenes, un guarda recibía los boletos correspondientes al viaje (antievasión; excelente). Era casi mediodía y nosotros no habíamos ingerido más que el digno pero poco contundente café a las 10am, asíque fuimos a la estación de subte C Retiro y compramos una pizza en el bar. Además de preguntarnos por qué los subtes no usan la bocina, nos sentamos y comimos hasta hartarnos para después despedirnos hasta el próximo encuentro. Y yo me fuí hasta la terminal de ómnibus de Retiro, mientras Seri se fue a la casa (supongo, qué se yo).
Alrededor de las 14.30horas de día sábado 15 de noviembre del 2008, yo estaba esperando un ómnibus de la empresa Almirante Brown que me llevaría hasta Rosario.

Mirada desde las plataformas de la estación terminal Retiro Ómnibus hacia el complejo ferroviario: estaciones San Martín, Belgrano y un mínimo de la Mitre se alcanzan a ver. Más atrás la reconocida Torre de los Ingleses y los míticos edificios de la zona. El sábado 15 de noviembre del 2008 a las 15.50hrs.




Charlando en el ómnibus con un desconocido.
A Ricardo Gutiérrez le gusta aparecerse de vez en cuando, como pasó sopresivamente ese sábado: Después de un rato esperando en la terminal de Retiro, a las 16hrs llegó el ómnibus, cumpliendo con la promesa que me había hecho el pasaje. Me senté en el primer asiento de arriba, del lado de la ventanilla, y a los 5 ó 10 minutos salimos con destino a Tucumán, aunque yo bajaría apenas en Rosario.
Era la primera vez que volvía de Buenos Aires con luz de día. A los pocos kilómetros de salir, me encontraba frente a un paisaje costero, en paralelo a un gran paseo peatonal. Sospeché que esa fuera la Costanera Norte, y para confirmarlo pregunté a mi compañero de asiento, sin saber que con esa pregunta encendería la rosca de mi interlocutor, que resultó ser un hábil charlatán, sacando temas de conversación aún de más desérticos panoramas discursivos. Me contó que era colectivero de la linea 46, que va de la Matanza a La Boca del Riachuelo.. y después siguió comentando sobre el asunto de las AFJP que en ese momento estaba en el ague de la discución pública, del conflicto del campo, y de todo aquello con lo que el señor tucumano podía demostrar que estaba muy a favor de la Señora Presidente "que además, ¡está más buena...!". Es cierto que no tenía mucho acento tucumano, pero iba para allá. Le pregunté en una mezcla de simpatía y de masoquismo auditivo cómo era Tucumán, en qué parte vivía él... y desde ahí se extendieron las otras dos horas de diálogo, contándome de las tabacaleras y los ingenios azucareros, de las industrias en Tucumán y de cuánto hacía que no veía a su familia; de los monopolios y los arreglos que hacen algunas companías para no tener competencias cerca. En un momento sacó su equipo de mates y me convidó con algunos,, evidenciando con eso su niñez en Tucumán, abundante en cañas de azúcar, de donde supongo, trajo su costumbre de preparar el mate con la misma cantidad de azucar y de yerba. En fín, Ricardo Gutiérrez parece ser un tipo que escucha más de lo que habla, y me lo volvió a demostrar en ese encuentro con el tucumano. Lo que no hizo esta vez fue preguntarle el nombre, pero de todas formas hizo un nuevo casi-amigo.


Cuando bajé del colectivo en Rosario eran las 20.15hrs, y a decir verdad, estaba un poco aturdido, pero de alguna manera satisfecho -por la charla sucedida, o bien porque ya había terminado-... Al instante Ricardo Gutiérrez se esfumó y dejó a descubierto otra vez a este otro sujeto que algunos llaman Elisma.
Ese mismo salió hacia la ciudad Cuna de la Bandera y tomó el urbano línea 173 para darse lugar en 'Macarena Bar', y acompañar en cuerpo, espíritu y lente fotográfico a los amigos de AstroBonzo.




Volver a la carátula de Crónicas Viajeras.
Revisar la parte 1: Frustración rosarina,
o la parte 2: Paisano de Hurligham .

___
Basado en experiencias propias.
Fotos y texto por trenazul, noviembre del 2008.
Share:

Pilar y Rosario; noviembre 2008 - parte 2

Pasaje 2: Paisano de Hurligham [de Retiro a Pilar]. 
Sábado 15 de noviembre, 2008.

Tomando un café y un tren en Retiro.

A la noche había llovido y todo el calor que hizo el viernes se evaporó con el agua de los charcos. Con Seri teníamos programado ir esa mañana a Pilar en el San Martín, así viajaba de una vez por todas en esa línea. Cerca de las 9 de la mañana salimos de su casa, caminando en contra de un viento frío, que sólo permitía estar bajo el Sol, hacia la estación Gerli. Yo agradecí el haber llevado ese bucito que cuando armé el equipaje no pensaba usar más que para llenar inútilmente la mochila, pero pareciera que mi teoría acerca del clima traicionero mientras uno está de viaje tiende a ser cierta. Llegamos a la estación Gerli, donde haríamos el habitual y mi favorito trayecto a Constitución y combinación con el subte C a Retiro.


En Retiro, caminamos entre los puestos y los vendedores ambulantes hasta Galerías Pacífico-- nono perdón, a Retiro San Martín quise decir: Ahí sacamos boleto para el próximo tren a Pilar, que salía a las 10.09 horas. Como teníamos unos quince minutos de espera y nada en el estómago, tomamos unos cafés con leche y medialunas en el bar de la estación. La limpieza, el orden y la seguridad hacían de la estación un espacio gustosamente estable. Los guardas y el personal de prevención tienen todo bajo control y hacen cumplir con las normas como corresponde en aquel predio.
Subimos al tren e inmediatamente salimos al horario indicado, con los coches más vacíos que llenos, con el protagonismo en estos episodios del omnipresente personal de seguridad-prevención de la línea, que patrullaba repetidamente ida y vuelta cuidando y protegiendo al pasajero. Y a pesar de resaltar lo positivo que es eso, reconozco también que perjudicó mucho mi desempeño fotográfico al sospechar que habría problemas si me vieran capturando imágenes dentro del coche.


Atravesando Capital.
Pasamos Palermo, Chacarita y antes de llegar a La Paternal pasó el guarda con su gorra característica a pedirnos el boleto, pintando la escena que hacia un privilegiado ambiente, emulador de un viaje en un pullman interurbano de mediados del siglo veinte. En su paso por las estaciones de Capital, los coches se iban poblando gradualmente. El personal de seguridad bajaba en cada estación, hasta que el tren volvía a salir. Villa del Parque, El libertador (San Martin)... 


 

Los costados de las vías del San Martín son algo tristes. El paso del ferrocarril San Martín por Capital está quizás oculto en los fondos de las casas de todos los vecinos de barrios residenciales. Donde hubo un lugar entre las casas y las vías, familias carenciadas llegaron y armaron un asentamiento de muy peligrosa ubicación. Algunos están a menos de un metro del tren que pasa, y sin embargo no parece que haya mucho que pueda hacerse. Este fenómeno, repetido varias veces en todo el tramo hace que el paisaje denote cierta tristeza, e imprime -entre las casas precarias de chapas y lonas, mezcladas con los paredones altísimos de las casas residenciales- como una realidad en las ventanas de los coches, la carencia de aquellos que no tienen mucho y les toca vivir con poco. Entre tanta mirada pasábamos por estación Devoto, y minutos después cruzamos la General Paz, sin darnos por advertidos.


Pasando por Bella Vista.
Atrás nuestro iba sentado un señor avanzado en edad, que ante el pedido de boleto del guarda, hizo cara de no entender y ante dos o tres insistencias, el hombre le ofreció, repitiendo su gesto de desconcierto, un subtepass. El guarda resolvió la situación de manera superadora; evitando el escándalo y dejando al hombre seguir su viaje, le explicó por qué tenía que sacar y conservar el boleto mientras viajara en el tren... Con Seri sonreímos entre una complicidad ante el don que viajaba sin pagar, y una admiración de la clase con la que el guarda resuelve estas situaciones. Seguramtente a los dos se nos ocurrió pensar lo mismo: 'tantos años sin pagar boleto...'

Yo viajaba del lado de la ventanilla, pero el sorpresivo frío que hacía le llegaba más a Seri que mí, bajando desde lo más alto de la ventanilla (que no podía cerrarse herméticamente) y cayendo casi de lleno hacia él. Las puertas se abrían con el viento, asíque los guardias de seguridad, que recorrían el tren tres o cuatro veces entre estación y estación, iban también cerrando las puertas que caprichosas ofrecían dejar pasar un aire templado.

 

Entre tanto, estación Sáenz Peña nos había dado silencioso paso al partido de Tres de Febrero, que atravesaríamos sobre los rieles del Ferrocarril Linea San Martín, conducida nuestra formación por la ALCo RSD-16 B811, a paso firme y sin balancearnos casi nada. Realmente no recuerdo haber escuchado el golpetear de las ruedas y los rieles... se notaba que las vías y las ruedas estaban en excelentes condiciones, o bien estabamos siendo engañados y en realidad a formación se levitaba o volaba por sobre el recorrido de las vías. Caseros, El Palomar (donde no ví ningún palomar), y previo al breve paso por Morón, llegamos al partido y luego a la estación Hurlingham. Ahí empezamos a esperar que llegara el cruce de vías con el ferrocarril Urquiza, que ya nos venía acompañando más o menos cerca en todo el recorrido desde Chacarita, a nuestra derecha. Después de minutos de esperar, el cruce de viás se acercó, pasó y se alejó en una décima de segundo. Habremos tratado luego de recuperar imágenes mentales de ese microsegundo, pero seguramente en un gesto holgazán, pondríamos nuestras esperanzas en revivirlo durante el viaje de vuelta.

¿Talleres de Santos Lugares? No me acuerdo.
 
Ahora las vías del ferrocarril Urquiza nos escoltaban desde ambos costados: por el lado derecho pasaban las vías de la traza metropolitana, mientras que por el lado izquierdo pasaban las vías de la traza interurbana. Esas últimas las teníamos más cerca... a quince ó veinte metros como mucho. Al llegar a Bella Vista, el paisaje ya se tornaba mucho más tranquilo; las casas no superaban los dos pisos de alto, el coche iba medianamente habitado, ayudando a un paisaje que se iba tranquilizando a medida que nos acercábamos a Pilar.


Desde la estación Bella Vista hasta Muñiz, entre las vías de los dos ferrocarriles, pudimos ver un circuito aeróbico público de nueve cuadras de largo: un lugar que es admirable por lo inteligente de aprovechar ese lugar para tal fín. Ya no sentíamos entrar tanto frío por la ventana, quizás porque el mediodía ya empezaba a traer calor, o bien porque ya nos habíamos acostumbrado. Mientras tanto el tren decidido y bastante silencioso sobre los rieles, seguía con su misión de llevarnos a destino.

Pasando José Clemente Paz. 

 

Entre las vías del Urquiza y sobre las vías de ex Ferrocarril Pacífico, rodamos decididamente con el destino final en Pilar. La estación San Miguel es una gran feria de los más distintos comercios, situación que se repetía en varios otros puntos del trayecto hacia Pilar. José C Paz era claramente uno de los nodos principales de este ramal; un tren en sentido contrario al nuestro paró al mismo tiempo que nuestra formación, del otro lado del andén-isla que tiene ésta estación. Y sin mucha pausa ni mucho pensamiento seguimos el rumbo, sentados en los pequeños, ergonómicos y plásticos asientos tipo colectivo marca Grammer. Cuando uno hace tramos tan largos, a veces anhela que los hagan con apoyacabezas.

Era sábado 15 de noviembre del 2008; el día del 435º aniversario de la fundación de mi ciudad, Santa Fe de la Vera Cruz. Y yo haciendo de forastero, atravesando ciudades ajenas a través de los rieles; actividad que quizás impotentemente, mi ciudad natal no puede ofrecerme hoy en día.


Evadiendo este pensamiento, me recluía en la vista de un paisaje que no se quedaba quieto, e iba prestándome una mirada cada vez más rural. Así pasamos por las nuevas estaciones Sol Y Verde (donde había bastante verde pero poquito sol), y Presidente Derqui. Después, Villa Astolfi de por medio, llegaríamos a Pilar.




Seguir a la parte 3: Viajando en el panal
Volver a la parte 1: Frustración rosarina.
Volver a la carátula de Crónicas Viajeras.

___
Basado en experiencias propias.
Fotos y texto por trenazul, noviembre del 2008.

Publicación original en http://www.fotolog.com/trenazul/43975064
Share:

Pilar y Rosario; noviembre 2008 - parte1

Pasaje 1: Frustración rosarina.

Viernes 14 de noviembre 2008; 1.00am.

Por la ruta 11 iba un ómnibus de Tata Rápido, en servicio Santa Fe-Rosario y paradas intermedias. Adentro yo, tratando de dormir, y en el entusiasmo de llegar para viajar en el pullman de TBA, y mi mirada curiosa a las vías del Belgrano -que a pesar de la oscuridad de la madrugada mantuve firme-, apenas cerraba los ojos cuando los sentía resecos.
Llegamos a la terminal de ómnibus de Rosario "Manuel Belgrano", en mismo lugar que antes fuera la estación Rosario del Ferrocarril Santa Fe. Casi sin interludio me abrí camino para esperar a que den las 03.55hrs en la estación Rosario Norte.

"SERVICIO DEL DEL 14/01 SUSPENDIDO" escrito con fibrón negro, rezaba malditamente en un cartel sobre el vidrio de la boletería de TBA. Confirmé esta noticia preguntando al personal de Ferrocentral que custodiaba el Rayo de Sol, y me fui en una mezcla de refunfuneos con resignación, de nuevo a la terminal de ómnibus. Allá revisé y encontré un servicio semi-cama a Retiro prodente de Córdoba, que pasaría a las 8am. Pensé entonces en sentarme a dormir, ya que no había dormido casi nada por el entusiasmo de viajar en el pullman de TBA, y ahora pensaba en que no iba a poder dormir por la indignación de no poder viajar en el pullman de TBA.

Los asientos de espera en la estación de ómnibus de Rosario son intensamente metálicos, fríos e incómodos. Comprobé que no se adaptan a ninguna posición humana que posibilite el sueño, por lo que en las horas de espera que me tocaron allí zurqué ciento cuarenta y seis veces la galería de plataformas, aprendí de memoria las caras de todos los pasajeros, fui al baño hasta de vicio, y -como si fuera a propósito- a las 7.45hrs se me ocurrió tomar un desayuno. Tras tomar el café en tragos apurados llegó el colectivo, y una vez abordado supuse tranquilamente que ya no parábamos hasta Retiro. Casi al mediodía estábamos al Norte de la Capital Federal, y yo un poco harto de andar en colectivo.



Terminal de ómnibus de Rosario: andenes y vista por fuera. Ese mismo edificio solía ser la Estación Ferrocarril Rosario Oeste del Belgrano.

Patio de cargas en Retiro. Hoy (nov/2011) todo ese terreno está ocupado por familias en emergencia..


Una vez llegado a Retiro en un bus de la empresa Sierras de Córdoba, bajé ansioso y creyendo que abajo estaría un poco más cálido, ya que la ventilación del micro dejaba pensar que uno estaba viajando en heladera. Así fue que a las 12.10hrs ya tenía mis pasos en Capital Federal: cumpliendo con mi diagrama, desde la estación terminal caminé hasta el microcentro, a la esquina del servicio técnico Canon. Hecho el trámite ahí, volví hacia Obelisco para encontrarme con Lagos.

Tenía unas recónditas ganas de caminar por esas calles superpobladas, esquivando gente en las veredas angostas de calle Esmeralda. Confiar los cruces de calle a los semáforos peatonales y sentir la gran metrópolis en cada uno de los pasos, la tensa aglomeración pareciendo reventar en cada esquina.

Esperaba en la esquina de Carlos Pellegrini y Diagonal Norte. Ante su pregunta, le indiqué a un hombre dónde quedaba la estación de subte Catedral. Y mientras tanto Lagos llegaba a Obelisco, pero inevitable y evidentemente nos desencontramos como no podía ser de otra forma tratándose de Obelisco. Cuando lo conseguimos, nos encontramos con Lagos y caminamos hasta Avenida Córdoba y Rodriguez Peña, para tomar la mítica linea 37 que nos llevara a Barracas Sud.

Seguir a la parte 2: Paisano de Hurligham.
Saltearse  a la parte 3: Explota el San Martín .

___
Texto e imágenes basados en experiencias propias.
Contenido ideado y desarrollado por trenazul, noviembre del 2008.
Share:

Lectura en el transporte público.

Un lector de transporte colectivo es básicamente, un tipo decidido.
Decidido porque pudo elegir qué libro llevar para leer, porque no es cómodo llevar muchos libros y elegir en el viaje. Pero decidido también porque sabe cuándo cambiar de historias. En el momento en que el susodicho tiene el material de lectura en las manos, dispone de dos historias que leer: la historia escrita, que es un mundo de fantasía o de realidad, pero para el que siempre es necesaria una imaginación y procesamiento que tranforme las letras en imágenes, por lo menos. Y a la vez tiene la opción de levantar la vista y leer la historia real, el presente. Un libro que se está escribiendo en ese mismo instante, donde podría estar incluído él, leyendo su libro lleno de pasado, de pensamientos o de predicciones. El mundo que se le ofrece al pasajero es tan amplio que puede dividirse en dos grandes grupos: el mundillo dentro del colectivo, tren o subte, y el mundo por la ventanilla de los mismos. Hay que destacar que el mundo de las ventanillas se ve muy disminuído en el caso del tren subterráneo, por esa tendencia de los túneles a ser bastante oscuros y monótonos. Aunque ésto mismo nos sugiere que si uno llegara a encuentrar cosas interesantes tras la ventanilla del subte, deberían ser de lo más insólitas.
En fín, el mundo dentro del colectivo (o tren, o subte) es dinámico y se nota mucho; la gente entra al mundo rápidamente, elije su modo de pago, su sección de viaje y se involucra en el vehículo hasta que baja. Algunos ofrecen tarjetas, accesorios o simplemente piden colaboración. Algunos van sentados y esperan a ceder los asientos, otros van sentados y celan su asiento, otros van parados para no tener que molestarse en ceder el asiento.
En el mundo a través de la ventanilla en cambio, el mundo es mucho más dinámico, pero se nota mucho menos. La gente sube en mucha mayor cantidad, aunque quizás no tan rápidamente. La gente paga sin darse cuenta y no tiene muy claro qué sección de viaje le corresponde. Allá también algunos van parados y otros sentados, y la gente se baja sin saber por qué. pero la dinámica no se nota por ser tanta, y por nuestros ojos ser tan chiquitos para esas cosas.

Eso en cuanto al mundo casual o tangible, aquel que podríamos llamar mundo real. Cambiando, y respecto de la historia ya escrita, el mundo de bolsilllo que el pasajero despliega y en el cual entra por simple curiosidad de saber qué se cuenta ahí dentro, podemos decir que en las páginas los hechos brotan con la intensidad y la concentración con la que el descifrador desee. En el libro, la gente que está dentro aparece de la nada, y una vez ahí , no puede salir, aunque muchas veces el lector vea demasiadas coincidencias y afirme haberse encontrado con algún personaje del libro en el mundo dentro del tren. En el libro, los personajes avanzan y retroceden a voluntad del que lee, ellos no pagan pasaje pero a cambio su duda es total; no saben por qué ni para qué están ahí. Ahí los pusieron un día y ahí están... uno pensaría que quietos, pero lo frecuente que es lectura en el transporte público, sabemos que no paran de viajar.

Conciente o inconcientemente, esas son las posiblidades que baraja el lector de transporte público. Él a veces sabe, a veces no. Pero siempre decididamente, su mirada sube y baja -y en momentos parece estar afirmando con la cabeza- intercambiando la atención entre los dos mundos. Y escucha las dos voces, y lee los dos textos.

El único momento en que el pasajero lector suele dudar, es al momento de bajar: Increíblemente el transporte siempre está por llegar a destino cuando uno está incorporado al mundo escrito, y por eso el lector común suele titubear, apurarse, o pasarse de estación con tal de no dejar un párrafo rengo.


___
trenazul,
Santa Fe, 13 de julio 2009
volver a la vía libre
Share:

Lobos y Las Heras, agosto 2008. Parte 1

[jueves 28 / domingo 31 de agosto del 2008]

Parte 1: Llegando en un Rayo de Sol.



Si bien podía directamente tomar un ómnibus, preferí llegar hasta Rosario en bondi y ahí, a la madrugada, combinar con el tren Rayo de Sol, el FerroCentral que venía de Córdoba hacia Retiro. Entonces a las 4:30am subí a la formación verde, a un coche primera clase, con asiento (también verde) del lado del pasillo. Seguimos zurcando el sur santafesino, el norte bonaerense hasta la estación mayor del Retiro.

Llegué al mediodía. Con un subte a Constitución me hice en el hostel, dejé el equipaje y después de comer en 'El candil', fui al encuentro con mi amiga personal Jime, con quien paseamos caminando por San Telmo, hacia Puerto Madero y con rumbo a Costanera Sur. Allá atravesábamos la larga vereda de Avenida Achaval Rodríguez mirando hacia nuestro lado izquierdo el estanque seco, donde un monumento alza la figura de un inútil guardavidas, con un absurdo salvavidas de cemento en el brazo derecho, pareciendo correr heróica y un poco ridículamente hacia aquel terreno desierto, poblado con apenas algunas malezas, secas. Más tarde escaparíamos hacia Avellaneda hasta caída la noche, cuando a bordo de un colectivo línea 100 bajaría frente a Plaza Constitución para darme descanso en la hostería



Al otro día, salí del hostel santelmino con un gesto tradicional o nostálgico, hacia parque Lezama. La niebla de la mañana se había ido, y yo solamente daba vueltas buscando una nada apoyada en ningún lugar, o una esperanza, quizás debajo de los adoquines. Adoquines que hacían al empedrado y que se acomodaban fielmente al costado de los rieles acanalados, que marcan casi el centro de la calle Defensa. Rieles que emparejados, hacían una vía que iba a anudarse con todas las otras en la esquina de calle Brasil, frente a las máscaras y los diarios matutinos que miran desde las ventanas del Bar Británico. Mientras tanto algunas señoras rumbo al almacén, o puesteros del parque empezaban a mirarme con cara rara, justo cuando ya apuntaba mis pasos a Constitución, no sin antes confundirme en las chicanas y diagonales que las calles entreveran en esa parte del barrio.

Tomé el tren hasta Gerli, y esa misma tarde de viernes me junté con Matías, Estefanía y Hernán. Fuimos a Retiro, pasando inevitablemente por Puerto Madero. Ahí fue cuando ví de nuevo al Tranvía del Este estacionado; pero esta vez un carguero de NCA lo pasaba por el costado. Después fuimos a la costa del Dique 1, nos pusimos a turistear... y ahí es donde descifré las sospechas de Puerco Malevo.


Izquierda: inicio del paseo comercial a cielo abierto de la Avenida Galicia, en la esquina de calles Galicia y Rivadavia, partido de Avellaneda. Derecha: La GT22 9039 de NCA liderando 'el bobinero', mientras pasaba por el costado del Tranvía del Este.



Seguir a la Parte 2: El tren a Lobos.
Saltearse a la Parte 3: Estación Avellaneda del Provincial.
Carátula de Crónicas Viajeras.

TZL, agosto-setiembre del 2008.
Share:

Lobos y Las Heras, agosto 2008. Parte 3

Parte 3: Barracas Sud (FCPBA)

Preludio billarezco
Paso seguido a nuestro regreso de la ciudad de Lobos, fuimos a la casa de Lagos para dar lugar a la segunda reunión de club de tipo. En esta oportunidad, -junto con Teff, Cuadrizia, y Zony- tomamos el 37 y bajamos en las inmediaciones del pool de calle Lavalle.


A la noche agregamos a la jornada divertimentos billarezcos, en peatonal Lavalle.

Con normalidad y sin sobresaltos llegamos para jugar una intensa y acalorada -o no tan acalorada- jornada de -creo yo- sanos divertimentos. El encargado nos dijo que esperemos a que desocuparan la mesa número uno, en la cual minutos despues desempeñáramos con gran eficencia nuestras habilidades lúdicas. Lo que no significa que seamos muy habilidosos, sino sólo eso; que pudimos desempeñar nuestras habilidades (no insista por favor).

Intentamos entrar las lisas y las rayadas (cada cual con su correspondiente grupo) a los pozos en las esquinas y medianas de la mesa revestida de verde. Siempre tratamos de dejar la bola negra para embocar al final, y de que la bola blanca no se vaya por los pozos. Evidentemente jugar pool es mucho más simple que viajar a Lobos.

El encargado vino a avisarnos que tenía que cerrar el local, y tuvo que esperar más de media hora a que nosotros desocupáramos la mesa número uno. Permitimos entonces al encargado del local descansar de tarea lucrativa a expensas de la diversión adolescente de 14:00 a 00:00 horas, aunque esta vez se habría sobrepasado un par de horas. Nos fuimos caminando bajo las estrellas invisibles que ofrece la Capital Federal, y terminamos sin saber por qué y como cualquier persona puede terminar, en las magnéticas veredas de Puerto Madero, aunque el viento frío al lado del agua resultaba mucho más intenso.

Estación Avellaneda FCPBA


Estación Avellaneda FCPBA (hoy Museo Ferroviario Bonaerense) ese domingo llevaba expuesta la Expoavellenda industrial 08, pero igual nosotros pudimos concentrarnos en la estación.

Treinta y uno de agosto. Recién a las 14 horas desayunamos algo y nos fuimos a tomar el 570, que nos dejó a pasos de la estación Avellaneda Provincial (FCPBA). Ahí normalmente reside el Museo Ferroviario Bonaerense, aunque ese domingo estaba ocasionalmente ocupado por la Expoavellaneda Industrial 08.
Recorrimos la expo, pero no concentrados en los stands sino en lo que habían dejado en exhibición del museo, y en la arquitectura original de la estación terminal, en un estado impecable de conservación. Me fascinó el coche presidencial (que sólo vimos por afuera y el interior desde las ventanas), y el estado de conservación de la estación. También había un locotractor; y en hall vitrinas llenas de equipamiento y pequeñeces que se usaban este Ferrocarril.

El Ferrocarril Provincial de Buenos Aires funcionó entre 1913 y 1977, fundada la red por vías de trocha angosta, uniendo La Plata-Avellaneda, Carlos Beguerie-Azul, Pedro Gamen-Pehuajo, Ariel-Olavarria, Teniente Crnl Miñana-Sierra Chica, Olavarria-Loma Negra, Tentiente Coronel Miñana-Azul. En total, la red llegó a tener 903kms, casi en su totalidad de vía única.
Para más instrucción sobre esta red ferroviaria, hágase el favor de visitar http://www.porlosrielesdelsud.com.ar/provin.html


Corriendo en Gerli

Municipalidad de Avellaneda, en Avenida Güemes al 600, frente a la Estación del Provincial.

Al salir de la estación-museo; iríamos a dar la pequeña caminata que sin saberlo, sería uno de los grandes acontencimientos de la tarde.
Salimos (con Seri) de la Estación Avellaneda FCPBA hacia una improvisada caminata por la zona de viejas vías, para repasar el trazado que hacía el Provincial hacia La Plata. Fue que anduvimos por avenida General Güemes, pasando por Municipalidad, por la puerta del hipermercado, el frente del Alto Avellaneda, y por donde Lagos cursa el CBC. Doblamos en calle Hijos del ayuntamiento de Boiro y caminamos por el cantero, por donde subyacen las mentadas vías. Osamos zonas demasiado poco transitadas tras el predio de la estación y el de Racing Club, y pagamos esa osadía con el escape de un arrebato modo piraña, por parte de cinco o seis locales que quisieron apropiarse de nuestra cámara con todas las fotos del viaje. Se llevaron otras cosas, entre tanto mi pasaje de vuelta, pero no la cámara, en manos de Seri que llevó el tesoro digital a digno paso de un mediocampista de Independiente.

Al contrario de lo que haría un entrevistado por el noticiero local, no tomé el asalto como una absoluta desgracia y preferí dejarlo como parte de la aventura. Yendo a hacer la denuncia por los documentos y el pasaje perdido, pudimos conocer una buena parte del barrio Dorado, yendo a la seccional 6xta.


Fotos sobre el puente Gerli: vistas de la estación Gerli, hacia el otro lado del puente, de la playa de maniobras kilómetro 5 y el puente en cuestión.

A la vuelta también, aprovechamos a atravesar nuevas zonas y pasamos por sobre el puente Gerli, Lo que restó fue poner en condiciones aquello del pasaje, y fue lo último que hice antes de despedirme de mis amigos hasta la próxima vuelta, y ponerme en destino hacia Santa Fe de la Vera Cruz en el Pulqui de las 20.


--
TZL, agosto-setiembre del 2008
Share:

Lobos y Las Heras, agosto 2008. Parte 2

Parte 2: El tren a Lobos (FCDFS).

A Padua

Era sábado y con Seri teníamos programado un día de trenes, por eso bien temprano (para ser sábado) salimos camino a estación Gerli para que los subtes desde Constitución nos alcancen a Once. Que conste; la primera vez que entré a estación a Once, fue subiendo y después de haber salido de un coche Brugeoise. Sacamos boleto y nos involucramos en lo que para mí sería un viaje dentro de otro viaje.

El comienzo del viaje, en estación Gerli.


Seguimos combinando con los subtes C y A para llegar a Once.

Pasando por San Antonio de Padua.
Ya adentrados en el Viejo Oeste, andábamos a velocidades normales y casi sin sacudirnos. Íbamos con Seri sentados en el asiento de tres, con un lugar vacío del lado del pasillo. El coche estaba medio lleno, y se disfrutaba de las particularidades de un tren urbano. Predominaba un silencio entre los pasajeros, que de vez en cuando rompíamos con Seri emitiendo algún comentario de poca trascendencia, proponiendo tomas fotográficas del paisaje, anunciando próximos lugares o comentando cosas del trayecto; el ambiente se completaba -formando un hermoso paisaje para el oído- con el constante y casi sutil 'quetren quetren' que repetía como un mantra el golpeteo y el funcionar del hierro sobre el hierro. Silencio que se vió interrumpido radical pero no tan desagradablemente, por un vendedor de videos musicales en dvd que por adelantado pidió "disculpas por la música", al tiempo que daba play a su aparato y pregonaba de manera convincente lo espectacular de sus productos, mientras los sonidos de su propio reproductor -que prestaban una vista de los videos promocionados- opacaban su sermón.


Lo dicho; cerca de las 10am pasamos por San Antonio de Padua.

Entre tanto me acordé de mi ciberamiga Pipy, por estar cerca de sus pagos, y pensé, entre los sonidos saturados de aquellos videos de baladas ochentosas contrastándose con la quietud de aquel hombre en la fila de enfrente leyendo imparable las páginas del "Diario Popular", en inmortalizar el momento en que pasé por la estación San Antonio de Padua la cual estimo, estaba un poco cerca de su casa y sus lugares frecuentes.
Haciendo oídos sordos a todos mis pensamientos, el tren seguía con rumbo firme hacia Merlo con nosotros adentro, por lo cual minutos después fuéramos a bajar en aquella estación, donde hicimos un trasbordo.
Ahí ya estábamos algo lejos de Padua como para seguir comentando el momento en que pasamos por Padua.

Pasando por Marcos Paz.
Desde el andén de enfrente veíamos cómo el tren a Lobos, próximo a zarpar y apurándonos con su motor impaciente. Ni bien llegamos a Merlo bajamos y de manera fugaz cruzamos al otro andén, para no perderlo. Cuando pasamos por el molinillo, el guarda nos enteró de que no se trataba del tren a Lobos, sino a Las Heras, y que el directo a Lobos llegaba en 30 minutos. Por unos segundos el desconcierto se apoderó de nosotros: ¿Esperamos el directo a Lobos o tomamos ahora éste, que va a Las Heras? Debatimos en corto tiempo qué hacer, y terminamos por subirnos de todas formas al tren a Las Heras, con la excusa de conocer esa localidad también.
Ya arriba del tren, otra vez se sentía el ambiente del tren urbano, pero el coche esta vez estaba más vacío que lleno, el silencio se hacía aún más protagonista, a la vez que el andar del tren se hacía escuchar tan clara como placenteramente. Además, junto con el paisaje urbano que gradualmente se iba cambiando por uno rural,, los comentarios entre seri y yo iban haciéndose menos frecuentes, como los edificios en la ventana. A nuestro costado los postes de telégrafo iban indicándonos: ...kilómetro 40/2; kilómetro 40/3; kilómetro 40/4...
En ese intercambio de paisajes, en esa unión de lugares vista desde el camino de hierro, empezamos a acostumbrar nuestros ojos a un paisaje semiurbano-rural, quizás desde la estación Marcos Paz. Antes de llegar ahí pasamos bajo el puente del ferrocarril Belgrano Sur, y al llegar a la estación minutos después, lo que más nos atrajo del paisaje fue seguramente aquella locomotora a vapor a modo de monumento, instalada en la plaza frente a la estación Marcos Paz, ambientada con algo de señalética. Restaurada y reluciente; una joyita patrimonial y cultural. Mientras nosotros comentábamos lo lindo de aquella máquina, nos alejábamos de ella. Y los postes del telégrafo nos seguían con su discurso... kilómetro 42/4 ; kilómetro 42/5 ; kilómetro 42/12 ; kilómetro 43/1...


Antes de llegar a Marcos Paz, pasando por debajo del puente del antigüo FFCC Midland.


Llegando a estación Marcos Paz.


Locomotora en la plaza frente a la estación Marcos Paz.


Antes de llegar a Las Heras pasamos por debajo del puente del FFCC Belgrano Sur a Pergamino y Rosario.

Parando en General Las Heras.

Entre Marcos Paz y General Las Heras nos encontramos con muy pocas casas. En el camino solamente había campo y llanura. Algunos molinos, árboles, vacas, caballos, y a veces ovejas. La parada Zamudio, la parada Hornos. Y siguiendo nuestra vía, pasaban algunas calles, además de otros pocos pasos a nivel, y por supuesto los fieles postes de telégrafo marcando también los kilómetros que llevábamos hechos desde Estación Once.


El paisaje que se repetía entre Marcos Paz y Las Heras.

Bajamos en estación Las Heras, dispuestos a caminar un poco sus calles y encontrar un lugar donde almorzar. A metros de la estación está la plaza Las Heras, la cual en su centro tiene el monumento a General Las Heras. La plaza está rodeada por la iglesia, la municipalidad de Las Heras y la escuela Las Heras, entre otras construcciones. También es de destacar que una de las calles que cincunda la plaza, se llama... sí, Las Heras. Por esa calle anduvimos, vimos un club social con la fachada pintada con murales tangueros, y un taller mecánico que tenía a modo de ornamento la parte de atrás de un auto empotrado en la pared. A unas cuadras de ahí encontramos "Lo de Cacho"; un comedor que de noche también es cantobar. Ahí fue que almorzamos, con el tiempo justo para salir a trote -todavía con la comida en el esófago- de vuelta a la estación, y llegar en esa siesta soleada herense a tomar el tren hacia la última parada: Lobos.

Fotos en Las Heras: la estación, el club social, la municipalidad y un curioso motivo de ornamento para un taller mecánico.


La EE 1409 yendo a Once mientras llegaba la ALCo 655 para llevarnos a Lobos. El 30 de agosto a las 13.46hrs.

La web de Las Heras: http://www.lasherasweb.com.ar/


Pasando por Empalme Lobos.
Ya habíamos subido al tren 2819 y la ALCo 655 tiraba de los coches que nos transportaban hacia Lobos, por la vía única que une este pueblo con Las Heras. Arriba del tren, la poca concurrencia de pasajeros hacía juego con la tranquilidad del paisaje que ofrecía la ventanilla, que se llenaba con poco más que campos alambrados, árboles, y animales que se refugiaban del Sol pampeano en la sombra que estos mismos árboles proyectaban. En el camino vimos vacas cerca de las vías... y una que -dedujimos- se atrevió fatalmente a pasar el alambrado y acercarse demasiado, por lo que yacía dura y sin signos vitales a centímetros de donde las ruedas hacen contacto con el riel. A pocos metros de ahí, en un paso a nivel, una calavera vacuna incrustada a modo de tétrico decorado en la cruz de San Andrés, quizás haciendo evidente el peligro de desobedecer o desatender aquella señal.
Dentro del coche, los pasajeros consumían y retroalimentaban la paz reinante, llenando el aire -otra vez- solamente con el sonido del incansable rodar de las ruedas sobre el hierro, que patinaban bastante por algunos desniveles en la vía.
Nosotros íbamos en el coche más cercano a la máquina locomotora. Quizás el ambiente se traducía a gestos en nuestras sonrisas de contento. Con Seri, íbamos en asientos enfrentados, porque los dos queríamos estar del lado de la ventanilla. Yo iba en el asiento que le da la espalda a la locomotora. Seri tiene un complejo y no puede andar en tren si no es con el pecho hacia donde va la formación. Como este tramo era de vía única, sacábamos manos y cabeza por las ventanillas casi sin miedo, solamente precaviendo de que no haya cañas, señales y yuyos altos que nos golpeen con la velocidad que llevábamos. El paisaje mismo nos iba avisando cuando llegabamos a las estaciones, haciendo aparecer de a poco tímidas casas bajas, placitas al costado de las vías, luminarias y señales que dan cuenta de urbanización.


Izquierda: Estación Zapiola - Derecha: Talleres de Empalme Lobos.

Así pasamos por estación Speratti, y por estación Zapiola, que nos daba entrada al partido de Lobos. Espectantes desde ahí, preveíamos el momento en que llegaramos a Empalme Lobos; una estación que puede hacer alarde de un hermoso (aunque un poco descuidado) edificio, de la particularidad del empalme que cruza las vías de la red Sarmiento con la de las red Roca (antes Ferrocarril Oeste y Ferrocarril Al Sud, respectivamente) y deja a la estación en una especie de isla, con andenes a ambos lados del edificio. En frente de la estación, nos sorprendieron los talleres y depósito de locomotoras de Empalme Lobos, al dejar a la vista exhuberantes máquinas vaporeras, estacionadas ahí vaya a saber cuántas décadas. Mesa giratoria, tanque de agua y todo aquello que los ferroviarios habrían usado para maniobrar las vaporeras... todo ocupado irónica o dramáticamente por familias, que usan los edificios de los talleres como hogar (bienaventurados ellos).



Izquierda: Locomotoras y Mesa Giratoria de los talleres Empalme Lobos. Derecha: Dejábamos atrás la estación Empalme.

En fín y pesar de la longitud del texto, el paso por Empalme Lobos duró poco más de algunos minutos. El paso por la estación y los talleres fue fugaz, y cuando quisimos darnos cuenta ya estábamos próximos y con rumbo a la estación de Lobos, cual fuera nuestra última parada antes de emprender el viaje de vuelta.

Algunos enlaces de interés:
http://www.lobos.gov.ar/
http://flavam.com/museo_ferroviario_ranchos/galemplobos.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Estaci%C3%B3n_Empalme_Lobos
http://es.wikipedia.org/wiki/Locomotora_de_vapor


Paseando por Lobos.
Supongo que eran alrededor de las 15 horas cuando llegamos a Lobos. Lo primero que ví fue ese vagón tolva rojo, que está del cerca de aquel depósito, del mismo color rojo ladrillo... y los silos graneros de fondo. Al otro lado de las vías estaba la estación, a la que bajamos con cara de satisfacción por haber llegado donde habíamos dispuesto en un principio. Cruzamos el edificio de la estación para salir a la ciudad, como quien entra de visita a una casa ajena, recibidos por la vereda de la avenida Leandro Alem.



Fotos en Lobos: Llegando a la estación, en la plaza 1810, una esquina de empedrado y la EE 1409 maniobrando para llevarnos de vuelta a Merlo.


Irrumpimos por calle 25 de Mayo, que nace -o termina- en la estación de trenes. Entre edificaciones de principio de siglo XX, negocios de toda índole, y -a pesar de ser las tres de la tarde- un movimiento bastante considerable de personas. Los locales comerciales de la calle 25 de Mayo estaban en su mayoría abiertos, había gente andando las veredas y coches circulando también, como si no conocieran lo que significa la palabra 'siesta'.

Llegamos por esa calle hasta la plaza 1810; La placa en una fuerte, robusta y elegante estructura metálica rezaba "Plaza 1810. Homenaje del pueblo de Lobos. 25 de mayo 1910". Una fuente en el centro de la plaza, una estatua en homenaje al bombero frente a la iglesia -a una cuadra de ahí se ubica el cuartel de bomberos-, el busto de el General Perón en una esquina de la plaza, y uno de parecidas características hacia Eva Perón, en otra. Alrededor de la plaza -como en otras tantas localidades fundadas por los españoles- vimos la Iglesia, en este caso Nuestra Señora del Carmen; y la Municipalidad de la ciudad de Lobos, contigua al edificio eclesiástico.

Salimos desde la plaza por calle Buenos Aires, doblamos a la derecha por calle Suipacha y seguimos derecho para el lado de la estación. Pasamos por calles de empedrado, y los edificios de arquitectura europea de principios de siglo XX parecían seguir nuestro camino. Pasamos por frente a la escuela número 1 y la sede de la UOM, entre otras tantas casas. Nos detuvimos en la plaza de la Soberanía, que está pegada a la estación del ferrocarril. Esta plaza tiene un mástil y una placa central en honor a los cuatro lobenses caídos en Malvinas, 'En homenaje a Nuestros Héroes' de veinte años de edad cada uno. También hay cañones y material del ejército argentino, que supongo tendrían alguna relación con la guerra de 1982.

De ahí, volvimos a tomar por 25 de mayo, pero esta vez hicimos una parada en la heladería, y comiendo el helado fuimos otra vez a la plaza 1810, a sentarnos en alguno de sus bancos y hacer tiempo hasta que llegue nuestro tren. Ya cuando se hicieron las 16:30 volvimos a la estación a esperar el tren bajo el techo del andén. El tren llegó a las 17:20 horas, como estaba previsto. Y con la EnglishElectric 1409 a la cabeza, nos fuimos en camino de vuelta, sobre los mismos rieles por donde vinimos.

Y yo no sé si era el Sol de la siesta de sábado, el viento lobense, las chicas vestidas de verano, o qué otra cosa... pero la ciudad de Lobos, desde que paramos en la estación, pasando por las plazas llenas de árboles y arbustos; y hasta cada calle que caminamos, me pareció muy pintorezco. Muy cuidado, muy limpio, muy prolijo. Y de todas formas sin mucho brillo, sin hacer ostentaciones, sin tener ansias de glamour, ni caer en la atrocidad de la perfección, que -de estar- tan angustiante resultaría al cuerpo humano que tuviera que soportarla.

Volviendo de Lobos.A las 17.20hrs subimos al tren 2824, con destino a Merlo y para seguir viaje hasta Once. Subimos al último coche de la formación, y nos sentamos en el último asiento; íbamos en la 'punta de atrás' por decirlo de alguna manera. A esa hora y despues de haber andado más o menos lo que está redactado en los capítulos anteriores de esta crónica; ya estabamos un poco cansados. A los pocos minutos de salir de Lobos, pasamos por la estación Empalme, que goza de una marcada simetría arquitectónica, sostenida en la misma simetría de la vías que pasan a la altura de ese edificio. Al lado nuestro, un grupo de vendedores festejaban contando chistes y tomando cerveza, me parece que era el cumpleaños de uno de ellos.

El viaje de vuelta también es parte del viaje, e incluso algunos, lo consideran hasta un viaje más. Quizás es un viaje poco más cansador, el de reandar -o desandar, como usted lo considere- los caminos andados anteriormente. También puede ser un proceso melancólico, emotivo o alegre; dependiendo de cómo se vivió el viaje en cuestión. Por eso mientras andábamos rumbo a Merlo, el cansancio de nuestros propios comentarios era sustituído por los chistes del hombre que vendía cds de música y películas. Entre tanto que éste Don contaba chistes, yo miraba cómo el Sol se iba escondiendo tras los pastos del paisaje. Y escuchaba todavía el andar del tren, y veía como Seri amagaba todo el tiempo a quedarse dormido.


La estación y el tren en que íbamos embardunados por la luz amarilla del sol occidental.

Entre tanto también sacaba algunas fotos; miraba todas las estaciones del lado reverso al que lo habíamos hecho hacía unas horas. Entre tanto ví a Seri ya dormido; y de alguna forma el tiempo y la distancia pasaron de manera que llegamos a Merlo. Paso seguido combinamos con el tren a Once, y repetimos la misma secuencia que hicimos a la mañana, pero de manera inversa. Cuando estuvimos otra vez en Gerli, supe que ésta crónica no iba a tener más opción que terminar.


Seguir a la parte 3: Avellaneda FCPBA
Volver a la parte 1
Carátula de Crónicas Viajeras.

TZL, agosto-setiembre del 2008.
Share:

Dónde estamos

Psje Echeverría 4797 (esquina Gutiérrez), Santa Fe, Argentina.
Contacto al 0342-155155911

Blog Archive