SANTA FE - ARGENTINA

Travesía serrana bonaerense marzo 2011 3

Excursiones al Parque Provincial Tornquist.

Organigrama de las excursiones disponibles en el parque.

La combi al cerro salía a las 7am y llegaba algo antes de las ocho. José Luis, el encargado del camping, nos había recomendado pararnos en la ruta y esperar a que alguien nos llevara en su auto, porque es sabido que el transporte es poco y los turistas-aventureros como nosotros suelen tener problemas para llegar al cerro. También nos contó cómo era y nos dijo que después de las 14hrs no dejan subir más, porque el trekking dura algo así como 2.30hrs en cada sentido.



Bueno. Al levantarnos el miércoles, encontramos que era tarde para tomar la combi. Salimos a la ruta como aconsejó José Luis. Estuvimos un rato… hacer autostop es desesperante. Nos sentimos durante largo rato como pescando con carnada de plástico. Finalmente, a media mañana, nos levantó una pareja con los que después sabríamos, éramos vecinos en el camping. El señor ya había subido el Cerro Ventana hace algunos años, pero quería volver. Su problema es que no dejan entrar animales domésticos al parque, ¡y ellos siempre llevan a su perro a todos los viajes! Ese perro era genial, mejor que un niño. Llegamos y nos dijeron que si nunca habíamos hecho trekking, mejor empezáramos por la excursión Garganta Olvidada, que es la menos exigente de todas.

 
En el trayecto hacia la vertiente natural.



Tomando agua sin manufacturar.


Hermosa puerta de ingreso a las excursiones. La garganta olvidada es el camino de un arroyo seco, con lecho de piedras. Los únicos problemas que encontramos fueron por qué camino tomar, y algunas piedras que eran grandes y resbaladizas. Un hilo de agua, seguramente la vertiente que alimentaba el ahora arroyo seco, nos esperaba al final del recorrido. Tomamos agua mineral natural no-envasada, nos quedamos admirando las enormes formaciones rocosas que nos rodeaban casi cayéndonos encima, y volvimos con la tranquilidad de saber que el recorrido era fácil.


Cerro Bahía Blanca

Cuando llegamos a la base era tarde para subir al Cerro Ventana. Nos recomendaron ir hasta la otra entrada del parque para subir el Cerro Bahía Blanca, que es más bajo que el Ventana. Me acuerdo que subiendo encontramos la razón por la que no nos dejaron subir al Ventana: a medida que estábamos más alto, el viento se ponía más violento. Y eso que la cumbre del Cerro Bahía es de 731msnm, al lado de los 1134msnm que tiene el Ventana. En la subida al cerro menor del parque se nos fue la tarde. Bajamos a la ruta cerca de las 14hrs, y estábamos muy lejos del horario de la combi. Volvimos gracias a que un Fiat 147 nos llevó amablemente a la ciudad: ellos habían vivido en Tornquist y sabían lo difícil que era manejarse sin auto por esas latitudes.


Subiendo el Cerro Bahía Blanca.

La cumbre soleada.


A la noche simplemente salimos a caminar Sierra de la Ventana. Pudimos diferenciar dos partes, una ‘céntrica’ o comercial, y otra más residencial y mucho más pituca, divididas por el Río Sauce Grande. Anduvimos por los dos lugares. Del otro lado del río no había siquiera alumbrado de calle, por lo que nos alumbramos con la linterna y cuando vimos lo aburrido que podía ser seguir caminando por esas calles oscuras, desiertas y monótonas, para los que además resultábamos una amenaza siendo extraños en pseudos-barrios-cerrados, volvimos ‘al centro’ para cenar. La calle principal es la Avenida San Martín, que a la vez es la ruta 72. Ahí posan todos los restorantes, bares, supermercados y puestos de artículos regionales de los cuales se sirve el turista. Cenamos cerca del camping y dormimos temprano para al otro día llegar al hueco de la ventana.


Largo camino al Abra de la Ventana
Tres de marzo. De nuevo se nos había pasado la salida de la combi. Entre lamentos y tomar unos mates, la gente de nuestra carpa vecina, con la que habíamos estado charlando la noche anterior, estaban saliendo e iban al cerro. Tras alguna maniobra discursiva, estábamos los cuatro con rumbo a la entrada del Parque Tornquist.
Vale decir. Cómo llega el parque a llamarse Ernesto Tornquist: Cuando la campaña del desierto gana terreno sobre las sierras, Ernesto Tornquist adquirió la mayoría de los campos y los cerros para luego lotearlos y dedicarlos a la creación de una nueva colonia agrícola, esto, en 1886. En 1905 el asentamiento había dado tantos frutos como para que el estado ponga en el mapa el partido “las sierras”, nombre que después fue cambiado por el actual.



El parque comienza a hacerse por etapas, primero con la donación en 1936 del terreno donde nace el rio Sauce Grande, por parte de Martín Tornquist, que también en 1937 le vende a mitad de precio, también al estado provincial, el terreno donde se levanta el Cerro Ventana. En 1940 el Estado expropia 2893has de las 6707 que ahora posee el parque. En 1959 es declarado monumento natural, y también Reserva Natural, Área protegida natural. Como símbolo de esta historia quedó el gran portón de la Estacia Tornquist, el mismo que hoy hace de entrada principal al parque, y una placa que indica la anterior propiedad de los terrenos.

Por fuera de eso, nosotros nos parecíamos más a los indios Pampa que a los observadores de aves: sólo nos interesaba la aventura. Subir, llegar a la cima, ver las dificultades y atravesarlas como una flecha a una hoja de papel. Entonces cerca de las 10hrs llegamos preparadísimos para arrancar el trekking. Nos dieron indicaciones: circuito autoguiado, como en el cerro Bahía Blanca. Pero como este camino es de más de 2kms, el camino se divide en 10 postas que también ayudan a que uno se mantenga en el camino.






 Imágenes del ascenso al Cerro Ventana y el susodicho hueco natural.


Resumiendo la travesía en función de los diez tramos, podemos decir que los 4 primeros son de esfuerzo moderado, los tres que le siguen de esfuerzo pesado y sobre todo difícil aferrarse a las grandes superficies rocosas por las que hay que transitar... el octavo tramo es “un descanso” y los dos siguientes son lo más parecido a la muerte, es la parte más elevada y a la vez la que nos deja más expuestos a pendientes abismales, y como es casi todo roca, es difícil encontrar “el camino” que está programado para llegar al hueco, si es que plantearon uno. Así que veíamos cómo cada uno llegaba en los últimos tramos por donde le parecía mejor.

Los paisajes durante el ascenso no los puedo comentar. Verá algunas fotos, pero tampoco expresan lo que se vive estando ahí. Esa sensación de contacto profundo con la naturaleza silvestre, y justamente esa creación natural, es como tocarle una teta a la más linda del boliche. No sé si encontraría una palabra para expresar la plenitud y la satisfacción de haber vivido esa travesía.

No demoramos mucho en llegar. Nos cansamos sí, pero lo hicimos en buen tiempo. Creo que no fue tanto por el buen estado físico, sino por correr tanto en el temor de que salga un bicho de los arbustos, o por tábanos que cundían en el ambiente y de los que nos dehacíamos sacudiéndonos y apurando el paso. Igual que cuando escuchábamos un sonido como de cigarras desde las plantas… nos manteníamos lejos o pasábamos rápido. Siempre con la ciega convicción de llegar a la cima. Al llegar, casi nos parecía poco el hueco a cambio del esfuerzo cometido, pero tanto el transcurso como el haber llegado fue totalmente satisfactorio… estuvimos ahí un rato, comimos un poco y respiramos el fuerte viento que pasa por la abertura de la piedra. Y después volvimos con ganas de llegar abajo, más calmados por saber lo que nos esperaba en el camino, y ya jugando a hacer silencio para ver si aparecía algún animal raro. Sin embargo éramos tantos transitando el camino turístico que ningún zorro, águila, caballo silvestre o mamífero extrahumano se nos apareció a la vista.



Volviendo a pie por la ruta 76. A pesar de nuestra fatiga, no pude evitar sentirme pleno entre tanta belleza.


Llegamos a la base con tanto cansancio como alegría. Haber llegado tan lejos, tan alto. Sin embargo la travesía no había terminado. Eran las 16hrs y para volver al campamento, teníamos que esperar a la combi hasta las 19.30hrs, o hacer dedo para que algún bondadoso nos llevara. Fuimos a la ruta y empezamos a caminar. Noelia se puso de mal humor al sabernos a la deriva, al poco tiempo de caminar se nos terminó el agua y eso la puso peor. Aunque le levantamos el pulgar a todos los vehículos que pasaron, llegamos hasta la otra entrada del parque, distante 4kms, y ya nos proponíamos esperar a la combi ahí, pero justo unos metros antes, una pareja con su hija paró el auto y nos llevó. Ellos estaban de vacaciones, venían de Gesell, iban a pasar unos días en las sierras y después salían con Chaco como último destino.

Ya en la carpa y con el tremendo cansancio, planificábamos la hora a la que amanecer al otro día, para empacar y tomar el tren que salía a las 7am.


Más adelante: Bahía y sus puertos

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De vivencias en febrero y marzo 2011.
Crónica [texto y fotos] por trenazul.
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