SANTA FE - ARGENTINA

San Mariano

Puede que después divida esta entrada en dos o tres partes, para facilitar la navegación. Aquí, por ahora, el relato completo y cargadísimo de fotos. Saludos.

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Ruta de la ida [84km]
Ruta de la vuelta [73km]

-Preludio-
Saliendo de jaque


A un día y medio de salir, Martín se enteró que trabajaría el lunes feriado. Por falta de tiempo no podría asistir al evento que nos excusaba al viaje, por lo tanto no iría. Lorena se echaba atrás con toda su razón, ya que no sería el mismo viaje, ni contaríamos con las dos carpas que teníamos en mente. Eso, sumado al alerta meteorológico, daba todo por suspendido. Yo prendí de nuevo la mecha avisando que iba a ir pese a todo. Lorena me dijo que de ser así me acompañaría, por lo que el domingo a las 8am estaríamos saliendo juntos desde cinco esquinas.
Me desperté sobre la hora, y a los cinco minutos caí en la sorpresa de que Martín tocaba la puerta de casa, por lo que terminé de aprontarme y salimos cargados y vestidos con ropa deportiva por la ruta 11.

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La parte conocida

El cielo nublado y clima impredecible nos rodeaba. Soplaba un ligero viento del Sur que por momentos se acentuaba. Hacia aquel mismo Sur nosotros zurcábamos la RN11.

Aproximadamente una hora después de salir, a las 10.20am, nos detuvimos en el predio de la estación Sauce Viejo, cuando avisé que 'allá' había una tienda, que Lorena estaba buscando para conseguir una colita de pelo. Ella, más entusiasmada que ninguno de nosotros en seguir pedaleando, no quiso ir a comprar, y seguimos camino, peleándonos la punta, con buen ritmo y ánimo.

El llamado Cruce Matilde nos recibió cambiando la RN11 por la RP36-S, que además del puente sobre la autopista, no tiene en su recorrido parajes de ningún tipo. Nuestro andar como los campos de colores a los costados, fue ininterumpido; íbamos a la par, aprovechando el nulo tránsito y el excelente estado del pavimento.

Al final de ese camino hay una especie de monolito construido con letras superpuestas C, E, M se notan sin mucha más certeza. El día nos prestaba la tranquilidad de estar nublado y sin aparente probabilidad de lluvia. Nos fotografiamos junto al monolito poniendo la cámara al otro lado de la ruta. Me quedó la duda de saber si ese monumento, de difícil comprensión en su contenido, está ahí reflejando la entrada al pueblo Estación Matilde, o si está para marcar el punto tripartito que sucede ahí mismo, y por lo cual haciendo pocos pasos y dependiendo nuestra dirección podíamos mantener una conversación estando cada uno desde un departamento geopolítico distinto, a saber: La Capital (NE), Las Colonias (NO) y San Gerónimo (S).

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Según nuestro destino, entramos por Las Colonias, al mismísimo centro urbano de Estación Matilde, rondando las 11am, para darnos un refrigerio antes de seguir camino. Ahí mismo terminaría la parte de las rutas conocidas.


-2-
Tras los rastros del ramal Matilde - Garibaldi (Mitre)

No habíamos recorrido antes ninguna de las rutas que seguían en el itinerario que marqué; Tomé por referencia planos e imágenes satelitales, lo que seguía era la parte más divertida: cotejar los planos con la realidad.

Saliendo por el Norte de Matilde, la ruta nos despidió adornada con flores violetas en su margen, y curiosamente el segundo tramo de la 36-S era segundada de la misma forma por flores, pero de color amarillo. A pesar del adorno floral, no se repitió el buen estado del pavimento del primer tramo: La ruta está tan rota que la banquina tenía las huellas marcadas, dando evidencia de ser utilizada como camino alternativo -a propósito, de mucho mejor andar que la cratérica ruta 36-S desde Matilde a San Carlos-. Aprovechamos todos aquellos tramos de 'camino alternativo'.

Podíamos llegar a San Mariano derecho por RN19 y la RP10, sin embargo tomar este camino no fue inocente de mi parte: a partir de esa curva al Oeste, donde tomamos el último tramo de la RP36-S, empezamos a segundar los rastros de un ramal del Ferrocarril Mitre, que salía del Empalme Matilde (un triángulo al norte del pueblo) y llega, tras pasar por San Carlos y Mariano Saavedra, a Garibaldi. Esta línea se usaba hasta que se desactivara y levantara en la década del '70, para que las lineas de trocha ancha tuvieran comunicación rápida entre Córdoba y el Puerto de Santa Fe.

Salimos a la RP6 al mediodía, por el extremo Sur de San Carlos Sud, Avenida San Martín al 1300.
Pasamos por la Esso para liberar las presiones naturales de nuestros cuerpos, y luego tanteamos un comedor que a las 12.08hrs ya estaba cerrando. Por tanto, nos hicimos en un almacén para tener con qué armar sanguches de fiambre en la plaza central.
Limpia, grande, verde y florecida. La plaza de San Carlos Sud es un reflejo de la comuna, donde impera la limpieza y el orden. Y la tranquilidad que se notaba aún más en aquel mediodía y con ese Sol, que ya estaba descubierto de las nubes que a la mañana nos refrescaban.
Habiéndonos quedado un rato largo para tan pocos sangüches, volvimos a subir a los vehículos recién a las 14hrs. Por las calles sancarlinas sobradas de siesta, -A tomar la 63- le dije a mis compañeros.

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El trazado del ramal del Mitre que estábamos siguiendo cruzaba en el límite entre San Carlos Centro y Sud. En la intersección con la RP6 (avenida San Martín dentro del éjido urbano) se levantaba la Parada KM87, del lado del Sud. Ahora, el edificio no se distingue mucho -si es que persiste- y nada separa a San Carlos Sud y Centro, sino fuera por un cartel en la avenida que indica estar ingresando a uno u otro San Carlos. Además la numeración de la avenida toma como cero ese punto para contar crecientemente hacia el Norte y el Sur, en cada localidad.

Atravesamos ese límite también, y abandonando la avenida central, conocimos en los bordes la circunvalación y los barrios pobres de San Carlos Centro. La RP63 nos esperaba con la tierra aplacada por las lluvias de días anteriores, y gentilmente sin un poco de barro.

-3-
Camino rural al Oeste

Por supuesto que Lorena rezongó al ver al horizonte el camino de tierra fugarse al infinito, en la misma dirección en la que mi dedo apuntaba con gesto sanmartiniano. Martín no decía nada al respecto. Creo que insistió en preguntarme si estaba seguro que éste era el camino. Yo mantenía mi seguridad rayana en la imprudencia, aunque verdaderamente no tenía lugar para la duda. La ruta 63 se constituía en un desierto pampero, sin presencia de paradas ni nada parecido a la ruralidad, y mucho menos a la urbanidad. Este camino copia y transcurre lo más cerca posible del ramal del Mitre que seguíamos. En los arroyos, desde los puentes viales, se pueden ver los pilares, hoy sin vías, del extinto ramal.

Pasamos por una curva en S de la cual se desprendían otros caminos, y a Martín le creció la inseguridad que sembré al preguntarle a unos vecinos sancarlinos cuál era la forma para tomar la RP63. Su desconcierto nos contagió un poco a Lorena y a mí. En las proximidades vimos una estancia con gente, crucé la tranquera. Llegué hasta donde estaba el grupo de muchachos y, así como yo mantenía los pies en los pedales, en ningún momento ellos interrumpieron su partido de bochas mientras me confirmaban que el camino a Coronel Rodriguez era 'para allá'. Yo preguntaba por la forma de llegar a Coronel Rodríguez porque, además de saber que era de paso obligado en nuestra ruta, me entusiasmaba mucho la idea de conocer ese poblado y ese lugar.

Andar por esa ruta también se nos hizo ameno en la charla y el andar a la par. El Sol mantenía fuerza y calor ya apretaba bastante en esa parte del día. Me puse contento al ver el cartel de Coronel Rodríguez al frente de una arboleda. Descubrimos detrás de ella, un paso a nivel de vía doble que ya no puede ni siquiera intuirse, y la escuela del pueblo. volviendo a la RP63, pudimos ver que todo el predio de la ex estación está arbolado al máximo, supongo que a partir de la plantación experimental que indica aquel cartel del principio. Pasamos sin detenernos por lo que fuera la estación de trenes de Coronel Rodríguez, detrás de unos alambrados. Yo me quedé esperando atravesar el centro urbano, pero ahora sé que este pueblo no tiene más que algunas casas pegadas a la RP63, al otro lado de la estación. Entre aquel predio y la RP10 pudimos transcurrir en un camino mucho más fresco y reparado del viento, por la gran cantidad de árboles que lo costea.

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Al llegar a la RP10 la satisfacción por saber todo lo hecho y lo poco que faltaba, fue enorme. Le comenté al equipo que siguiendo por la tierra se llegaba directo al pueblo, por este camino que empareja todo el tiempo a la vía y entra al pueblo de la misma forma que lo hacía el tren en su época de actividad. Sin embargo el gran alivio de subir al asfalto y sentir la bicicleta 10 kilos más liviana, anuló toda posibilidad de tomar el camino paralelo a la vía. Tomamos la RP10 hasta donde los carteles indicaban el acceso a San Mariano, y pocas vueltas de pedal después estábamos ingresando al destino.

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San Mariano

El cartel nomenclador y luego una instalación imponente con el nombre del pueblo recibe a los visitantes de la comuna. El camino de acceso, asfaltado y estrecho, no se impone por sus dimensiones sino por el escenario que monta a su alrededor: un parque amplio lleno de verdes y plantas, la catedral coronando el centro urbano, el equipamiento urbano evidenciando una dedicación y cuidado de un ambiente prolijo y limpio. Nuestro cansancio estaba oculto en el detenimiento. Apenas bajamos los pies al suelo, las piernas nos dijeron cuánto descanso les hacía falta.

Después de ese respiro disfrazado de sesión fotográfica, que también era un festejo de equipo frente a uno de los emblemas del lugar de destino, salimos para ver qué encontrábamos entre sus calles. Apenas adentro, pudimos saber que la entrada al pueblo está a escasos metros de su centro geográfico. En el perímetro de la plaza central, frente a la iglesia vimos a muchos chicos circular en bicicleta. La calle por la que ellos circulaban terminaba en la estación de trenes. Cuando llegamos ahí encontramos a Imohf, poniendo a punto las bicicletas de los chicos, el mismísimo organizador del encuentro cicloturista que nos excusaba para hacer este viaje.

La estación de trenes de San Mariano es Mariano Saavedra, razón por la cual en la planimetría suelen alternarse estos dos nombres con la misma validez. Encontramos el edificio en muy buenas condiciones, que es de las mismas características que las estaciones de 2da del Mitre, como Matilde, San Agustín, Diaz, Casalegno. Maria Florencia nos contó que la comuna está gestionando un permiso a ADIF para que le permitan intervenir en la estación para hacer ahí un centro cultural y social. El edificio y la vía principal están en poder de ADIF, mientras que las vías secundarias, el resto del predio y los galpones están en poder de NCA. La actividad de esa vía consiste en los trenes de pasajeros de Ferrocentral de Retiro a Tucumán, y los trenes de carga de NCA.

Antes de la noche armamos las carpas en el Club Independiente, donde amablemente nos cedieron lugar los anfitriones: ahì tuvimos acceso a baños, lugar donde instalar las carpas, pudimos dejar el equipaje y bicicletas en un galpón y hasta teníamos a disposición los asadores, que desaprovechamos por la comodidad de comprar comida en el bar de en frente.

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El domingo nos despertamos bien temprano, con el canto de los perros. Sucede que según parece, las voces animales están confundidas en San Mariano: durante toda la noche cantan los gallos, y un ratito antes del amanecer, con los primeros hilos de Sol, ladran los perros. Por lo menos así nos pasó a nosotros. Todavía con los perros cantando, cebamos unos mates mientras Martín se preparaba para salir y llegar a Santa Fe al mediodía. Después dimos unas vueltas, desarmamos las carpas que habíamos armado en el mismo lugar donde minutos más tarde se desarrollaría el encuentro. Empezamos a ver cómo el pueblo se movilizaba al compás del evento cicloturista, que llenó de algarabía las calles llegando más de un centenar de ciclistas, en autos y combis desde toda la región.

El evento organizado por Daniel Imofh y Maria Florencia Ojeda, proponía un circuito de 35kms para conocer caminos de la región y visitar dos estancias, una de ellas cuenta con haber sido del prócer Mariano Saavedra. Sin embargo por cuestiones de tiempo decidimos con Lorena tomar el recorrido corto, que en realidad estaba hecho para los niños poco preparados para tanta distancia.

Al Norte del poblado, a lo lejos, se ven reposar vagones de pasajeros, casi como en cualquier localidad. La diferencia se nota acercándose, cuando se descubre que estos vagones están volteados, accidentados, y petrificados desde ese momento. Se trata de un accidente ocurrido en 1998 entre un tren de Tu.Fe.Sa. y un camión de ladrillos, que fue uno de los causales del fracaso de esa pujante empresa reactivadora del ferrocarril de pasajeros, lo que derivó en el suicidio de su impulsor.
Al ver los coches desmantelados de todas sus aberturas, recordé cuando la noche anterior Martín me dijo en el bar -Mirá, parece como de un tren, ¿viste?- señalando la puerta de servicio, mientras esperábamos la pizza.

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Al volver al Club para alistar nuestra vuelta a Santa Fe, encontramos todo listo para recibir a los asistentes al evento. Los chicos de la escuela de periodismo, al mando de Melisa Papporato, nos hicieron una entrevista para el diario local. Con la hamburguesa en principio de digestión salimos, esta vez por el camino simple de RP10 y RN19 hasta Santo Tomé. Esforzada vuelta tuvimos, por una gran cantidad de viento Este que nos contrariaba el andar, durante todo el viaje, y a eso sumado la gran cantidad de tráfico que después dedujimos, se trataba de un lunes que terminaba con un fin de semana largo. Supimos aprovecharlo, creo.

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